Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Armaduras miméticas Tau, en 28 mm

Aunque no haya puesto nada por aquí, el Taller Creativo de Antagis sigue su marcha habitual. Por ventura recordarán que estamos pintando un ejército Tau para uno de los jugadores de nuestra mesa.

Hace ya bastantes semanas que terminé una pequeña unidad de armaduras miméticas. Para el profano, señalaré que estas tropas tienen la capacidad de camuflarse gracias a un dispositivo que genera un campo de mímesis con el entorno. He intentado reflejar esto en el pintado, aunque no he llegado a conseguirlo del todo. Lo importante, sea como fuere, es que el dueño ha quedado contento.

Les dejo con las imágenes.


La ITV valenciana y el ruido

Resulta que pasar la Inspección Técnica de Vehículos sale más caro en la Comunidad Valenciana. Algo malo teníamos que tener en nuestra tierra, ¿no? Porque disfrutamos de un tiempo estupendo (al menos, para aquellos que gusten de sudar nueve meses al año), además nos representan los políticos mejor vestidos (*guiño*) y los que más suerte tienen en la lotería de Navidad (*guiño, guiño*), y, por supuesto, podemos paralizar una ciudad entera si nos beneficiamos (supuestamente) del turismo procedente de la Fórmula 1, o construir un aeropuerto enorme cuando nos dé la gana. Pero, lamentablemente, pagamos más por la ITV. Claro, mucha gente salía de nuestras tierras para hacer ese trámite. Los de Alicante, por ejemplo, iban a Murcia, y sé que mi padre estuvo yendo a Almansa, en Albacete. Pero el otro día me pusieron sobre aviso de que esa pequeña trampa (dentro del sistema) ahora ya no valía.

Tampoco es que vaya yo a salir en contra de la distribución autonómica (porque todo eso del derecho a gobernarse de cada pueblo está muy bien, y no es éste un blog de temática sociopolítica), pero hay cosas que no son lógicas. Eso, o no estoy entendiendo del todo las nociones de nación y país.  Para poner otro ejemplo, hace un par de meses el autor Antonio Muñoz Molina (en su página Escrito en un instante) se quejaba de que no era posible obtener unos medicamentos en Madrid con unas recetas expedidas en Andalucía.

Pero volvamos a los vehículos. Lo primero que me cuestiono es que si paso una Inspección Técnica en el resto del territorio español, una inspección obligatoria pero cuyo coste sale de mi bolsillo, una inspección para la que no puedo elegir taller porque debe estar debidamente homologada, resulta que no es válida para la Comunidad Valenciana. Así que me pongo a buscar información, y veo que ya hay gente quejándose de que le han multado por ello. Efectivamente, resulta que cualquier vehículo matriculado en tierras valencianas debe pasar la ITV en las mismas. A eso le llamo yo favorecer la movilidad geográfica. Pero, ¿por qué?

Pues resulta que en la Comunidad Valenciana se realiza un control de emisión de ruidos. Algo que no se hace en el resto de autonomías, y que proviene de un organismo de protección medioambiental de nuestra querida Generalitat. Y por cierto que añade 10 € al precio del resto de la inspección. Así que esas multas no son por no pasar la ITV, o que ésta no sea válida, sino que son concretamente por no pasar el control de ruido. En mi humilde opinión, una forma encubierta de decir que esas multas son para evitar que el dinero correspondiente se marche a otras provincias. Es mejor eso que bajar el precio, aunque sea para actuar igual que el resto de comunidades.

Ahora me surge otra cuestión. ¿Qué pasa con los vehículos de otras autonomías (o naciones) que entran en nuestras tierras con sus ruidosos vehículos? ¿Es que acaso nuestro ruido no es tan bueno como el suyo? ¿Molesta menos a los patos, urracas y conejos que pueblan el poco terreno libre de urbanizaciones? Y para cerrar el artículo con un lacito: ¿Pasan el control de emisión de ruidos los vehículos que participan en la F1? ¿Será precisamente por el ruido que los aviones no llegan a Castellón?

NaNoWriMo 2013

Pues sí, por tercer año consecutivo voy a participar en el NaNoWriMo. Algunos ya sabrán de lo que estoy hablando, pero otros se preguntarán...

¿Qué narices es eso del NaNoWriMo? El nombre viene de National Novel Writing Month, y la idea es escribir una novela durante el mes de noviembre. Surge entonces otra pregunta...

¿Una novela en un mes? ¿Estamos locos? Bueno, esa es la teoría. En la práctica, el tema es escribir 50000 palabras. Luego revisar el texto es otro cantar. De todas formas, lo más importante para mí, como explico más abajo, es escribir más de lo habitual.

¿Y tiene que ser una novela? Pues en realidad, no. Uno puede escribir relatos cortos, artículos para su blog, un par de aventuras de rol, varios guiones, una tesis doctoral, o la tira de versos. Lo que sea. Lo importante es pasarse el mes escribiendo, y llegar (o superar) la cota de 50000 palabras. Por ejemplo, el primer año me puse con los Cuentos de Canalburgo, y me fue muy bien.

¿Debe la historia ser nueva? Se supone que sí, pero creo yo que lo importante es el conteo del mes. Sin ir más lejos, este año pienso seguir El escudo de las tormentas, que tengo varado con 25000 palabras; ése será mi nuevo cero, y a contar desde ahí.

Pero, ¿es una competición o algo así? La idea no va por ahí; si acaso, es una competición con uno mismo. Por supuesto, uno puede comprobar cómo les va a otros compañeros (los writing buddies), y de hecho es una buena manera de seguir escribiendo en esos días que cuesta ponerse a ello. Ver cómo alguien escribe 1500 palabras todos los días, mientras que uno lleva toda la semana intentando pasar de las 1200 puede ser frustrante, pero también puede hacer que uno se esfuerce más. Es una cuestión de saber enfocarlo.

¿Y hay que publicar algo? Que va. Cada día uno anota la cantidad que ha escrito (y la verdad es que ver cómo el número de palabras va aumentando poco a poco es algo que anima bastante). En los últimos días puede subirse el texto a un contador, para certificar que se ha llegado a las 50000 palabras. De todas formas, esto ni siquiera es necesario. A mí me da igual que me digan que he llegado o no; la última vez me quedé en 45000, pero siguió siendo el período en que más escribí de todo el año.

¿Qué pasa si no tengo tiempo? Sería lo normal. El trabajo o los estudios, niños o familiares impedidos, o simplemente una pareja o unos amigos demasiado absorbentes pueden convertir este mes en una tortura, si lo que uno pretende de verdad es sacar tiempo para escribir. Yo soy bastante lento (más que nada porque me paso por el forro {con perdón} ese consejo de no revisar lo escrito, y tiendo a revisar cada frase, luego cada párrafo, y así ad nauseam), y si en mis dos participaciones he logrado la meta (o me he acercado) ha sido básicamente por estar sin curro. Pero también he visto a algunos que entre semana prácticamente no escriben nada, y luego el fin de semana logran ponerse al día. Simplemente es cuestión de divertirse escribiendo, obligarse un poco más de lo habitual para hacer que nuestras historias avancen y, ¿he dicho ya lo de divertirse?

¿Les surgen más preguntas? Pues pueden comentarlo por aquí, o acceder a la página (en inglés) cuyo enlace he puesto más arriba. Y por si se deciden a participar (o ya tenían pensado hacerlo), les dejo también el enlace a mi perfil, para que me añadan a su lista y podamos comprobar nuestro avance: http://nanowrimo.org/participants/narrador-de-antagis.

Diarios de campaña 134 y 135: amenazas sobre Nimaerga


Hace exactamente un mes que las Garras del Fénix cumplieron nueve años de juego, y el próximo domingo volveremos a reunirnos para dar comienzo al décimo. Sin embargo, antes del verano jugamos un par de partidas que no llegué a reseñar por aquí.

Seguimos metidos en el arco argumental que llamé simplemente «campaña del noveno año», y al que deberé buscar nuevo nombre, ya que desde octubre pasado hemos jugado poco (en relación con anteriores temporadas): tan sólo 16 partidas, y con un ritmo de juego bastante lento en ocasiones.

En la última partida los PJ habían alcanzado Nimaerga, una población fronteriza entre la organizada República de Paël y las tierras albas de Lustal, y habían recibido multitud de ganchos: el cadáver de un cazador, piedras marcadas con sangre, luces en la noche y una huella enorme. Por si fuera poco, uno de los miembros del grupo había sido tomado por un Caballero Intervencionista (por su parecido con uno de ellos, cuyo cadáver había sido encontrado por las Garras poco antes), y una extraña trama entre esta organización y sus rivales, los Eldarie Túre (los aislacionistas), parecía haberse establecido a su alrededor.

Los PJ recorrieron los alrededores de Nimaerga, visitando los diferentes puntos en los que se encontraban las pistas. Sus habilidades de rastreo les llevaron a vengar el alma torturada de un gigante, cuya familia había sido asesinada por un par de trolls. De los otros temas no pudieron descubrir demasiado, salvo que cierta bruja deseaba retener el agua de un riachuelo con una presa, para luego lanzarla sobre la población. Sin embargo, no averiguaron cuáles eran los traumas de esta mujer, que parecía demasiado poderosa para su patético aspecto. En un primer momento creyeron que era el Astrólogo, o alguien manejado por él.

Para cuando regresaron a la población, un dragón rojo (el maestro de la bruja, aunque este dato es desconocido para todos) estaba atacando la población. El reducido grupo de PJ que asistieron a la segunda partida se enfrentó a la amenaza, teniendo lugar un duro combate en el prado que hacía las veces de plaza del pueblo. Aunque era un bicho de buen tamaño, reduje su potencia (como ya he dicho, había pocos jugadores), y como la suerte de los dados estuvo de su parte, los PJ salieron bastante bien parados de la experiencia. Ahora llegará la celebración, y al día siguiente, el despiece del monstruo... y más aventuras.

Respuestas a la defensa estilística

Tal vez alguno de mis ínclitos lectores recuerde que antes del verano publiqué una entrada sobre los tres estilos literarios. Poco después de aquello pude leer un par de artículos relacionados con el mismo tema. Por supuesto, no se trata de respuestas a mi entrada (algo imposible para un blog que recibe con suerte cien visitas diarias), pero voy a simular que sí lo son, que ciertas personas leyeron mi artículo y opinaron sobre el mismo. De esa forma completo la información ofrecida con comentarios ajenos, que pueden apoyar o derribar mi exposición.

Antes, sin embargo, me gustaría aclarar un detalle ofrecido por mi amigo Juan, quien me comentó que, en lugar de una defensa de los tres estilos, yo parecía haber hecho una «apología del estilo grandilocuente». Pues sí, es cierto. En mi entrada hablaba del estilo literario de cada cual, pero lo hacía desde la posición del estilo ornamentado, entendiendo que es atacado por aquellos que promulgan una literatura sencilla, concisa y plana. Tal vez pudiera malinterpretarse mi intención, que fue demostrar que cada escritor debe crear un estilo propio, y adecuarlo según obra, situación y personaje.

Dicho lo cual, pasemos al meollo. Empezamos por alguien muy conocido y cuyo argumento va en la misma línea que mi artículo. Se trata de Víctor García de la Concha (tres veces director de la RAE -ahora honorario- y director del Instituto Cervantes). En julio, antes de una conferencia que realizaba como parte del curso de verano del centro UNED de Plasencia, declaró que «al empobrecer el idioma empobrecemos el pensamiento y la expresión porque nos preocupamos poco de los matices de la construcción». Pueden leer el artículo completo aquí.

Pasemos ahora a una opinión contraria a lo que yo exponía en aquella entrada, pronunciada por alguien que, así a bote pronto, yo metería en el grupo de los que llamo «enemigos del estilo propio» y que, sin embargo, es filólogo. Pasemos a analizar sus palabras. Se trata de Javier Cercas (autor de siete novelas -entre ellas la genial Soldados de Salamina- y diversas obras literarias). En una entrevista de julio, al ser preguntado sobre la sencillez de su estilo, declaró que para él «literatura es aquello que no suena a literatura, los embellecimientos, los ornamentos han de ir fuera» y que «cuando uno empieza siempre quiere parecer literario y cuando más sabe menos quiere parecerlo, porque la literatura auténtica, tal y como la entiendo, no tiene que parecer literatura». Además, señaló que «escribir en los periódicos es un ejercicio estilístico fundamental porque te obliga a la transparencia, a la claridad, a la exactitud...». Pueden leer la entrevista completa, muy interesante, aquí.

Debo decir que yo ni siquiera he comenzado a empezar, y tal vez sea verdad que desee parecer literario, y nunca he trabajado como columnista. Sin embargo, creo que el estilo de Cercas funciona en sus obras, pero no podemos hacer de ello el instrumento literario definitivo. Para mí lo literario se define por la voluntad de estilo de su autor (sobre este tema ya escribiremos otro artículo), y por tanto me parece una herejía lingüística decir que la ornamentación o los intentos de embellecimiento deben eliminarse. Lo que debe hacerse es utilizarlos adecuadamente, olvidando aquella vieja máxima de «el arte por el arte» y adecuando el estilo a {no me cansaré de repetirlo} obra, situación y personaje.