Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Beldar en busto (III)

Como ya adelanté en la anterior entrada de este tema que nos ocupa hoy, lo siguiente en el pintado del busto serían las sombras de la cara. Éstas son las pinturas usadas, y las mezclas creadas con ellas (en la fila inferior de la tableta).

Aplicando sucesivas capas diluidas, éste es el resultado:

Además, apliqué un pco de Tinta Magenta bajo los ojos, a modo de ojeras, pues si es cierto que los de su raza le persiguen, no debe estar en las mejores condiciones:

En los ojos añadí un poco de Barniz Brillante, y éste es el resultado final:

Posteriormente, había decidido pintar el pelo, y por eso pinté las partes metálicas que me traerían de cabeza. Pero cambié de opinión al darme cuenta de que los cabellos caen por encima de la camisa, así que este elemento iría antes, y le apliqué una segunda capa de color, más clara que la anterior. Pero, siguiendo estrictamente el pintado por capas, las mangas de la túnica son lo primero. Pensando en qué color elegir, me di cuenta de que entre ellas y el pelo se forma un triángulo que serviría perfectamente para enmarcar el centro de la cara, lo que ayuda a que el espectador mire a esa zona:

Así pues, elegí un color hueso, sombreándolo justamente con el tono de la capa base del pelo:

Y aquí, en detalle:

Para la próxima (aunque va a tardar, que se acercan los exámenes), la camisa.

FénixCon I (tercera parte)

Continuamos con la última entrada dedicada a la primera Convención Privada de las Garras del Fénix. Así es como despertaron aquellos que no estaban emparejados:


Más suerte tuvieron las parejas, que durmieron más o menos cómodamente:

Mientras desayunábamos...

... el Narrador ya se lanzaba a la forja de un nuevo imperio con el Rome: Total War.

Como los ánimos estaban bastante decaídos, nada mejor que las pociones revitalizantes:

La mesa, desde el punto de vista del Narrador:

Cuando quedaba poco para comer, se nos unió Karol, allá al fondo:

Sin embargo, la tarde comenzó a hacer estragos:

Y cuando todo el mundo se fue, así se quedaron los tres pequeñajos de la casa, reconquistando el territorio y aprovechando para sobar:

Perdón, los cuatro pequeñajos de la casa; mi querida Eva había aguantado muy bien el chaparrón de partidas:

Y esto fue todo. Espero que haya un FénixCon II el año que viene. De momento, en una próxima entrada volveré a ofrecerles la última partida jugada desde la Convención.

Sagunto-Almardá por el Camino de Montiver

Siempre me llamó la atención el senderismo... y mudarme a Sagunto, rodeado de pequeños montes, no hizo sino agravar mi mal. Ahora, de baja y con mucho tiempo libre, he decidido comenzar a probar poco a poco mi pierna operada con rutas más o menos sencillas y cortas.
Para este primer día, mi querida Eva y yo mismo nos fuimos hasta el chalet de sus abuelos a patita: 7'5 km de ida.
El comienzo de la ruta que habíamos elegido coincidía con una carreterilla sin arcén, y bordeada de naranjos que, en estas fechas, estaban repletos de azahar:

A los diez minutos de marcha, ya cogemos el camino de Montiver, mucho menos transitado:

Eso sí, dejamos varios caminos secundarios, afortunadamente todos muy bien señalizados:

Un descansito. Y no, si os fijáis bien os daréis cuenta de que no estoy 'tocando la bandurria', como dice Eva:

Una enorme higuera:

Cuando terminó el camino de Montiver decidimos atravesar una pequeña senda para evitarnos un rodeo:

La lástima es que olvidé las sabias palabras de Samsagaz Gamyi: "Los atajos cortos traen retrasos largos". Nos desviamos del camino que seguíamos porque parecía que, a lo lejos se acababa (había un coche aparcado en el medio), y cogimos otro, que atravesaba varios huertos. No hubo forma humana de encontrar un paso a salvo de tanta zarza, a pesar de que desde nuestra posición veíamos el tejado de nuestro objetivo. ¡Qué desesperación!

Al final, regresando atrás, nos dimos cuenta que el sendero continuaba y conseguimos llegar a un punto donde se atravesaba una acequia. Esto es lo que hubiera hecho Bear Grylls de estar en nuestro lugar:

Eso sí, de la parte más interesante no hay fotos: conseguimos atravesar una segunda acequia usando como puente una puerta rota que había quedado a ras de agua, y con una larga rama a modo de pasamanos. ¡Nosotros sí que somos supervivientes!.
Ya casi en casa, me resbalé un pelín, y ahí me quedé, sentadito, soportando las risas de mi novia:

Tres horas después (fue una larga comida), ya de regreso, tras coger, esta vez sí, la carreterita de acceso a Almardá:

A mitad de camino nos adelantó un yayo en bici, que nos había visto justamente bajar desde Sagunto. Muy amable, paró un rato y charló con nosotros, y se ofreció a hacernos una foto. Os aseguro que la he puesto de fondo de escritorio para verme el tripón cada mañana al levantarme.

 Y eso fue todo. Hicimos muy buena media, y tardamos hora y media a la vuelta y un poco más a la ida (por el atajo, claro). La pierna no me molestó casi nada en el primer trayecto, aunque regresé cojeando una parte del camino y renqueaba cuando llegamos a casa.

FénixCon I (segunda parte)

Pues al final he tardado más de la cuenta...
La partida nocturna, como había mucho novato, fue una sencilla aventura introductoria, y para mayor gusto del personal, no hubo ninguna muerte ni ingreso en psiquiátrico alguno.Como director, mi estupendo Commaster Guille, que extrañamente en él, ni se trabucó ni parecía perdido. Un gran día para jugar, sí señor:



La verdad es que disfruté mucho haciendo de jugador por una vez.

Miguel, Pilar y Ana a mi lado izquierdo.

Karol, Alex y Rob enfrente de ellos.

Y por supuesto, mi querida Eva. ¡Brindemos por nosotros!

No sé si se habrán fijado en que, dos fotos atrás, el director aparecía con un extraño tocado. Aquello surgió de aquí: una linda representación de uno de los personajes...

... que algunos aprovecharon para que arreciara el buen humor.

Y otros momentos:


La verdad es que el cansancio ya apretaba, aunque el humor de Rob hacía que las horas pasaran volando.

Y en la próxima, el despertar y la partida de la resaca.

Beldar en busto (II)

Continúo con el trabajo de esta sensacional escultura. El siguiente paso fueron las luces de la cara.

Quería fuertes contrastes en la piel, así que, extrañamente en mí, llegué a un color muy claro, casi blanco. Aquí pueden ver los colores usados, y, en esa tableta de pastillas vacía, las mezclas obtenidas con antelación al trabajo (¡estoy siendo muy aplicado!):

Esta vez fui más prudente con la iluminación, y las fotos muestran un tono casi exacto al real (el azul de la camisa es más verdoso a simple vista).

De todas formas, lo importante es la aplicación sucesiva de los distintos colores obtenidos en áreas cada vez más pequeñas. Las zonas más importantes son: la frente, la parte superior de las cejas, la nariz, los pómulos, y la parte superior de la barbilla. En el caso de los pómulos decidí no forzar mucho, porque la propia miniatura ya tenía un esculpido un poco excesivo para mi gusto. Ésta es mi foto favorita de esta serie:

Tampoco hay que olvidarse, por supuesto, de las orejas. Poniendo la mini en la siguiente posición vemos claramente en qué lugares incidiría la luz con más fuerza.

Como es habitual, las fotos recortadas con el Nero vision para poder ver los fallos.

Algunos ya se habrán dado cuenta de que he retocado el ojo izquierdo, pero es que además le he añadido algunos toques con Tinta Roja muy diluida, para simular el lacrimal. Les invito a comparar con la foto de la anterior entrega.

El próximo día, las sombras de la piel.